Son varios los estudios que han ido saliendo estos últimos días en los medios de comunicación sobre la relación existente entre el virus que causa la Covid-19 y sus consecuencias sobre el sistema cardiovascular. Estamos ante un virus que no solo puede causar enfermedades respiratorias graves, sino que también puede atacar a casi todos los sistemas de órganos principales del cuerpo.

Hasta ahora sabíamos que las personas con enfermedad cardiovascular subyacente eran personas con mayor riesgo a contraer el virus; ahora, nuevos estudios indican que la Covid-19 puede causar daño cardiaco incluso en pacientes sin afecciones cardiacas previas. Así lo demuestra un estudio publicado en JAMA Cardiology, cuyo autor principal y profesor asistente de Cardiología en la Facultad de Medicina McGovern de UTHealth (Tejas), el Dr. Mohammad Madjid, señala que, “es probable que incluso en ausencia de enfermedad cardiaca previa, el músculo cardiaco pueda verse afectado por el coronavirus. En general, la lesión del músculo cardiaco puede ocurrir en cualquier paciente con o sin enfermedad cardiaca, pero el riesgo es mayor en aquellos que ya tienen esta enfermedad“. Las conclusiones del trabajo evidencian que el coronavirus está asociado con una alta carga inflamatoria que puede inducir inflamación vascular, miocarditis y arritmias cardíacas. Asimismo, se ha visto que los factores asociados a una mayor mortalidad son: el sexo masculino, la edad avanzada, y la presencia de comorbilidades, que incluyen hipertensión, diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares y enfermedades cerebrovasculares.

En esta misma línea, un estudio publicado recientemente en la revista The Lancet y realizado por investigadores del Hospital Universitario de Zurich, señaló que pese a considerar Covid-19 como un síndrome respiratorio, han visto que éste también causa numerosos problemas cardiovasculares y fallos en distintos órganos vitales. En concreto, los investigadores vieron que el virus causa inflamación en el tejido que recubre la zona interna de todos los vasos sanguíneos (endotelio), no solo el de los pulmones, sino también el del corazón (endocardio), el cerebro, los riñones y el tracto digestivo. Ello explica también por qué la gente mayor o con comorbilidades tienen peor pronóstico, ya que su endotelio está debilitado y, por tanto, son más vulnerables.

Asimismo, este mes de mayo la American Heart Association publicaba un comunicado en el que el Dr. Patrick D. Lyden, profesor de neurología del Centro Médico Cedars-Sinai en Los Ángeles, ponía de manifiesto que los médicos estaban reportando un sorprendente número de casos de ictus muy graves en este momento entre pacientes con Covid-19. A pesar de ello, el motivo no está claro puesto que muchos de estos pacientes poseían factores de riesgo como hipertensión, diabetes o fibrilación auricular y, por tanto, tenían más riesgo de tener un ictus. Una segunda preocupación que expone el mismo Dr. Lyden es que Covid-19 podría estar causando un aumento de la coagulación de la sangre, lo que podría ser el causante de un mayor número de casos de ictus; aun así, los expertos manifiestan que de momento lo están estudiando y que aún es demasiado pronto como para vincular el coronavirus con el accidente cerebrovascular.

Recientemente, un informe publicado por el Instituto Nacional de Salud Pública de los Países Bajos, evidencia que existe una fuerte asociación entre los niveles de dímero D (una prueba que se realiza para detectar si un paciente sufre trombosis venosa profunda y/o embolia pulmonar), la progresión del virus y un mal pronóstico. “Las investigaciones por imágenes y patológicas confirmaron que el síndrome Covid-19 es un proceso tromboinflamatorio que inicialmente afecta la perfusión pulmonar, pero que afecta consecutivamente a todos los órganos del cuerpo“, ha señalado el profesor Edwin JR Van Beek, director del Edinburgh Imaging, Queens Medical Research Institute, en la Universidad de Edimburgo, Reino Unido.

Así pues, todos estos estudios publicados recientemente ponen de manifiesto que Covid-19 es una infección pulmonar que no solo afecta a los pulmones, sino también a otros órganos de nuestro cuerpo y, específicamente, a los vasos sanguíneos.  “Se trata de un virus que repercute en los vasos de los pulmones y en otros órganos y tiene un alto riesgo de trombosis con eventos agudos que amenazan la vida y que requieren un tratamiento adecuado con anticoagulantes basado en el monitoreo de laboratorio con pruebas de imagen apropiadas según sea necesario“, ha señalado el profesor van Beek.

Fuentes:

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